El tulipán negro
Alejandro Dumas es mi autor favorito. Lo ha sido desde que supe algo de su vida o de lo que escribió, de leer pequeñas historietas con sus aventuras, de ver películas basadas en sus libros, de ver “D’Artagnan y los tres mosqueperros”. Y “el tulipán negro” ha sido el último libro que he leido de él. Desde que me lo regalaron lo quería leer, pero a Dumas le doy tiempo, quiero leer todo lo de él (misión imposible), es un placer leer sus letras traducidas (también quiero leer el conde de Montecristo en Francés).
Karl Marx decía que él había aprendido más de la Francia Napoleónica a través de Dumas, que lo que llegó a aprender en la escuela. Y tiene razón. A través de Dumas pasamos por Versalles, nos sentamos en sus sillones, nos paseamos en sus jardines cagados (literalmente), vamos grupa con grupa junto a los 3 mosqueteros. Gritamos de emoción contra Richeliu y Mazarino, lloramos con el final de la trilogía de los tres mosqueteros. Una vida dedicada a la escritura.
Pero basta de hablar de Dumas, lo que nos ocupa ahorita es este libro, el tulipán negro. La novela transcurre durante el reinado de Luis XIV, el Rey Sol. Pero nos moveremos de Francia e iremos a Holanda, tierra de cultivadores de tulipanes. En esa tierra de molinos y flores existen dos hermanos (Corneille y Jean de Witt) que están en contra de Guillermo de Orange, un sujetillo que quiere ser el estatúder de Holanda, pero sin saberlo. Esto les trae una desgracia a él y a su ahijado, Cornelius van Baerle, cultivador de tulipanes.
En la ciudad de Haarlem crearon un concurso, el cual consiste en obtener el color negro en un tulipán de forma natural. El crearlo conlleva ganar una dote de 100,000 florines, pero es una misión prácticamente imposible.
Cornelius se empeña arduamente en la tarea, pero hay un tercero Isaac Boxtel que está empeñado en robarse el tulipán negro y conseguir el dinero, la fama y el nombre del tulipán. Nada será fácil, ni para Cornelius que es denunciado por crímenes políticos (era ahijado de Corneille de Witt y le guardó un documento) ni para Isaac.
Salvado una vez de la decapitación, su tarea es cultivar el tulipán negro en la cárcel por medio de una intermediaria y enamorada. El lograrlo y ser reconocido por esa acción dependerá de tantos factores que llegan a desesperar y a pensar en el pobre Edmundo Dantés.
Largas conversaciones, intrigas y una escritura de la época nos llevan a acompañar a Cornelius en su encarcelamiento y crianza del desde antes, famoso tulipán negro. No es el mejor libro de Dumas que he leido, además de ser un libro corto, de hecho de los que he leido ha sido el que menos me ha gustado (no vale la mano del muerto que no es de él, si no de Alfredo Possolo Hogan) pero tiene esa esencia, ese sentimiento de la pluma de Dumas. Y claro, sus personajes, como en todas sus novelas, son románticos, son caballeros, caballerosos, ingeniosos, atormentados, vivos. Hay poca acción, pues aquí sí, su historia se desarrolla casi enteramente en la cárcel.
Adelante, un clavado a Dumas es un clavado a la historia.
Un detalle que me pasó. La editorial Tomo no lee sus propios libros, en la contraportada aparece una sinópsis que no tiene nada que ver con el contenido de la obra. Pienso hacerles una bonita carta de reclamo o llamada de atención.
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