Cárgame (3/3)
La tercera y última parte del cuento. Las dos primeras partes:
Aquí la primera parte y aquí la segunda.
“[...]No era muy tarde, pero no queríamos perder tiempo. Al parecer quedaban 20 km mas. Ya los primeros kilómetros habían quedado atrás y teníamos que apurarnos, el domingo se acababa.
Mientras caminábamos pensaba: ‘quién ha cargado? Todos. Desde pequeños cargamos todo, tenemos una obsesión por cargar. Pienso en aquel soldado de Vietnam que cargaba su rifle y su guitarra. Para qué llevar una guitarra a la guerra, el simple deseo de cargar algo, algo que te mantenga afianzado a la Tierra. No hay deseo de cargar, es deseo de ayudar. El soldado muy probablemente se ayudaría a pasar ciertas horas tratando de olvidar la masacre. Nosotros estamos cargando a nuestro amigo para ayudarnos a no perder la razón y darle un lugar de descanso…y no dejar que lo orinen los venados’.
Llegamos a nuestro destino. Nada más pasó de camino. E no se volvió a caer. T no se volvió a pelear con un puma. Yo no aventé piedritas. Al aparecer en ese pueblo rascuache los habitantes nos veían con horror, por qué traíamos cargando a alguien en una camilla y lleno de ramitas. El médico salió de su consultorio y nos dijo que lo lleváramos a su casa. Obedecimos. Ahí adentro nos regañó, nos dijo que cómo era posible que fuéramos cargando a un cadáver en ese pueblo, eso era señal de mala suerte para la gente de ahí. El cargar un cadáver a través de sus calles era la peor señal y seguramente estaban pensando en alguna venganza ya, contra ellos y culparlos, no habría forma de salir de esa a menos que… y la solución vino. Claro que le explicamos al médico lo ocurrido, pero nos dijo que los pueblerinos eran cerrados, no pensaban en otra cosa más que tragedia, alcohol y caballos. En ese pueblo lo único que se cargaba era la caja de cervezas y la silla de montar.
La extraña (y chistosa, aunque se trate de mi ex-mejor amigo) solución fue ésta, había que romperle los huesos a E si queríamos llegar con vida a nuestro destino y poder enterrarlo como se merecía y no ser cargados por la turba que ya se escuchaba por las calles. Eso como primera solución.
Después T y yo tendríamos que estar de cada lado de E y así el médico amarraría el cuerpo de E a nosotros dos, simulando que nos acompañaba en nuestro caminar. Así tuvimos que practicar un rato para evitar caídas y ridículos. Sincronía y cargada lateral era la solución. La puerta sonó. Era la turba iracunda. Nosotros aparecimos en el corredor caminando como sí nada pasara, los tres a un ritmo, la gente no lo podía creer. Explicamos que no sabíamos cuáles eran sus costumbres, pero que nuestro amigo estaba en perfecto estado y teníamos que salir a la brevedad porque el lunes se aproximaba. No dijeron más, respetaron nuestra decisión y aceptaron nuestra excusa. No hubo un solo afectado en ese episodio.
Caminamos a donde habíamos dejado el carro, haciendo pasitos y riendo interiormente. E nos unía nuevamente y coordinaba. Amigo – le dije – hasta ahorita ningún venado te ha orinado y casi nos linchan allá atrás, ojalá pudieras hablar. El médico llegó corriendo, cargaba nuestros rifles (lo cual no representó ningún problema, pues era el médico). Agradecimos, nos ayudó a meter a E en el asiento trasero, junto con una orden de defunción comprobando el estado como había llegado a la ciudad y lo que le habíamos contado, para certificar que nada había pasado entre nosotros.
Nos despedimos y partimos a la ciudad, para dar las malas noticias y proceder con nuestro rito de cargar. En el camino pusimos su canción favorita ‘Stairway to heaven’ y le deseamos buen viaje. Pareció que había sonreído por el retrovisor y después de hacerlo hizo la gracia de reclinarse y tirarse en el asiento, para después resbalarse y meterse en el piso del asiento trasero. Sólo a él se le ocurrirían esas gracias.
Cantamos de regreso. Todo el camino. Cargamos gasolina y nos preguntó el despachador si la fiesta había estado buena, pues veía a E tirado de esa forma graciosa en el piso del asiento. Llegamos al hospital, reportamos lo ocurrido, hicimos las llamadas correspondientes. Al poco rato los familiares, amigos no tan cercanos estaban ahí, dando crédito. Decidimos velarlo en casa de E. Ahí cargamos pilas. Descansamos, narramos una y otra vez nuestra aventura. Nadie nos culpó, sabían que la relación entre nosotros era todo menos peligrosa y que seguramente una muerte entre nosotros había sido un accidente o un infortunio, nunca un homicidio o una venganza.
El día pasó y los preparativos para la misa y su posterior entierro estaban hechos. T y yo llegamos cargando junto con otras personas el ataúd con E, o como él le decía, cofrecillo. Después de la misa, lo cargamos a su carroza. Cumplimos. Ningún cochino venado lo orinó.
Al llegar a su lugar de eterno descanso vimos su lápida:
E
19xx-20xx
Llegué aquí en los hombros de mis amigos.
Nada más cierto. Todos dijeron unas palabras y yo terminé diciendo otras: ‘cualquiera que haya sido la travesía, E no dejó de estar con nosotros. Lo cargamos y nos olvidamos de su estado. Recordamos los momentos. Ahora me doy cuenta que el hecho de cargarlo nos acercó más a nosotros mismos y a él.’.
E comenzó a bajar a su descanso y como la risa siempre estuvo presente en su vida, la broma y la mala suerte, el amarre se soltó y cayó los dos metros. Un golpe seco sonó y no pudiendo soportar la risa reí y reí y finalmente lloré, al darme cuenta que no tendría oportunidad de cargarlo una vez más.
Así es como un Jueves todo cambió y ahora me preparo, a que me carguen.”
Aquí termina el cuento “Cárgame” siendo las 3.30 pm de un viernes 13 de noviembre. Hecho por chicokc.
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1ChavirA
wrote on 14 November 2009 at 21:20
Me encantó, la verdad no pensé que fueras a llegar hasta lo de su lápida, pero, esa amistad y/o fraternidad que tenían sus compas…WOW, increíble.
Me llenó de muchos buenos recuerdos, porque se que cuento con un par de amigos que estoy muy seguro que si se los pido, como dice tu titulo, me cargarán.
Excelente cuento!
2chicokc
wrote on 15 November 2009 at 10:50
Que bueno que te latió Chaville, la amistad o fraternidad perdura a través de los años y se sabe con quién se cuenta.
Gracias!