Un cuarto propio

Wednesday, 24 February 2010, 18:30 | Category : Léeme
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Debo de decir que lo que primero que me impresionó de este libro, escrito por Virginia Woolf, es que haya sido traducido por Borges desde ese momento ganó mérito (al menos conmigo). El libro es un ensayo sobre las mujeres y la novela, pero no de las mujeres que aparecen en las novelas, si no de las mujeres que las escriben y cómo, la premisa de Virginia Woolf desde un principio es: “Una mujer para escribir necesita dinero y un cuarto propio.”

Dentro del ensayo la protagonista camina por imágenes, en pensamientos del porqué no hay novelas o poesía de las mujeres hasta después del siglo XVIII y sí las hay, son con pseudónimos. Incluso Mary Beton (la protagonista y el personaje que hace el ensayo) piensa que bajo el nombre de Anónimo se han escrito varias novelas de mujeres hechas por mujeres.
Mary imagina a una hermana de Shakespeare, la cual es un genio igual que su hermano, pero al no tener el apoyo o la educación y siendo tachada, como de menor capacidad que un hombre, es relegada y se suicida, frustrada.

Después piensa en Jane Austen, que en su sala fue dónde escribió su novela e imagina,  si hubiera tenido un cuarto propio y dinero, hubiera hecho una novela superior a la ya excelente novela.
Muchas mujeres tuvieron que escribir bajo un nombre de hombre para dos cosas, no ser tachadas y ser leídas, pues creían que el hecho de leer literatura, poesía o algo hecho por ellas era humillante, entre los nombres que menciona está George Eliot, George Sand o Currer Bell.
Es mejor leer el ensayo, cualquier cosa que les pueda decir sale sobrando, pues la pluma de Virginia se expresa mejor y pone todos sus temas sobre la mesa.
Tiene muchas ideas rescatables, su exposición del pensamiento del porqué las mujeres no escribían es genial, además de que no es un pensamiento feminista extremo. Otra frase que se me hizo buena y que en suma, la he pensado, no de esta forma, pero similar: “…Hasta en un hombre, la parte femenina del cerebro debe ejercer influencia; y tampoco la mujer debe rehuir contacto con el hombre que hay en ella.”

Corto, agradable, ligero, expone las ideas que tuvo Virginia en 1929, a mi gusto, ya toda una revolucionaria. Y todas son válidas, lástima que no se ha avanzado como debería en cuestión de la igualdad. Pero este libro te hace ver cómo pensaban en ese tiempo y también vemos las bases para una mejor vida entre todos. Uno puede ver lo que ya sabe, los extremos no son buenos.

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