Tokio Blues Norwegian Wood

Tuesday, 5 April 2011, 7:05 | Category : Léeme
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Éste es el tercer libro que leo de Haruki Murakami. Y qué puedo decir de él? No tiene tantos cabos sueltos. No tiene ese sentimiento de estar en dos lugares, uno real y otro imaginario. Como que Murakami comenzaba a escribir sobre estar en dos partes, pero las dos reales. Al comienzo del libro nos sitúa en un espacio, 18 años después de lo ocurrido, pero después nos cuenta la historia con leves miras a un futuro anterior al presente (el qué de cómo?).

Hay muchos temas recurrentes, que he notado en la escritura de este excelente-ojalá-próximo-premio-nobel-escritor (así como en Borges que tenía sus temas que le obsesionaban), Japón, blues, The Beatles, gatos, música, sombreros rojos…son temas que toca en ésta ocasión también. No es un mal libro, es diferente a lo que me tiene acostumbrado y sé de Murakami, pero es una excelente forma de ver la vida cotidiana de las presiones que pueden llegar a tener un joven en las escuelas de Japón (no porque aquí no las tengamos, pero el hecho de que el suicidio sea parte de la “vida” de un japonés, es una visión interesante).
La novela toca el tema de la pérdida y la búsqueda por encontrar algo que se perdió, se pierde la alegría y el personaje principal vive mecánicamente, pero sabiendo llevar llevaderamente su vida. El hecho de que se conozca y vaya descubriendo otras personas le ayudarán a pasar y superar las grandes pérdidas que ha tenido.

AQUÍ SALEN LOS BICLES

Toru Watanabe es un muchacho que estudia en una escuela, ahí se desarrolla y todo es normal, hasta que su gran amigo Kizuki se suicida. Ahí comienzan las pérdidas de Watanabe. Naoko era la novia de Kizuki, los tres eran felices, pues se llevaban de maravilla, iban a todas partes y los 3 tenían 17 años. Con el suicidio de Kizuki, él se abandonó y se quedó en la misma edad, mientras los otros dos trataban de seguir su vida. Ellos querían detener el tiempo y seguir con 17 años. Pero no.

Al tiempo se volvieron a encontrar, con 18 años los dos, y comenzaron una relación a distancia y un poco enfermiza. Naoko termina en un hospital psiquiátrico sin ser hospital, una especie de casa de asistencia dónde se curan sin medicina. Mientras tanto, Watanabe conocía más personas, personas que lo llevarían por un vacío emocional, que lo arrastrarían a deprimirse horrores y no conocer a las personas con las que se relacionaba. Nagasawa es el nombre de este personaje que lo arrastra a ese tipo de placeres. Nagasawa es la viva imagen del postmodernismo. La novia de Nagasawa, conservadora, de buena familia, es la contraparte de Nagasawa.

Los años pasan y Watanabe conoce a Midori, una chica especial que va en su clase de historia del arte ii. Las cartas van y vienen, tanto de Watanabe hacia Naoko y su amiga Reiko (una especie de pareja ayudadora dentro del retiro en el que vive) y entre Watanabe y Midori, incluso entre Watanabe y Nagasawa.
Todo marcha relativamente bien, Naoko parece que se curará de su depresión, después que Watanabe viaja a visitarla. Pero después de la segunda visita del personaje principal, todo va aún más en picada. Personajes no tan cercanos mueren y la tristeza invade el ambiente.
La liberación viene en las últimas 5 páginas, pero es tan interesante ver la transformación y el abandono del personaje, que uno quiere ayudar al pobre hombre.

Sin embargo, el final es abierto y uno puede creer que se quedó con alguien, pero todo es difuso.

***

Murakami supo llevar el tema del abandono de alguien, de dejarse llevar, de la tristeza por la muerte de alguien y como se llevó algo dentro de sí. El hecho fue tratar de seguir luchando por algo, con tristeza, pero ayudando a los demás y ayudándose a sí mismo sin darse cuenta. El final es simple, es alentador, es desgarrador y con posibilidades. Supongo que tu sabrás decir qué pasó con la vida de este gran amante de la música.

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