Opinión de Tromsø

Monday, 21 January 2019, 20:46 | Category : Léeme
Tags : , , , , , ,

Tengo el placer y el gusto de conocer a Israel Carranza, previamente lo reseñé aquí y aquí. Me puedo decir muy fan de su escritura ensayista, en cuento, como editor de Luvina y Magis y ahora, novelista. Lo considero un amigo, aunque hace tiempo que no nos miremos y eso no evita que le mande tuits y me los responda.

Ahora, editado por Malpaso, Israel se monta en esta aventura literaria y nos muestra un personaje que un buen día no se puede dar a entender. Las palabras le salen de la boca, pero no es comprensible aquello que dice.

***SPOILER***

Nos volcamos al andar de un personaje en una ciudad, conociendo su rutina, su vida diaria, sus quehaceres, su andar, pero no su voz. Lo que dice o trata de decir no es comprensible por sus interlocutores, cuando habla, siempre la otra parte de la conversación contesta con un, ¿qué?¿disculpe? No es posible entenderle.

Y no es cuestión física, ni mental, ni malformación congénita. El hombre simplemente no es entendido, a pesar de sus esfuerzos, movimientos frente al espejo, ejercicios de dicción, lecturas sobre alguna enfermedad del habla, etc. Y esto nos lleva a verlo desde las alturas, en su andar diario, en su rutina. El café al que dejó de ir, la fonda donde come, el banco que visita para poder costear sus alimentos, sus cigarros y pagarla a aquella que le recoge y lava la ropa. También podemos ver su helecho, Oliver que es regado con regularidad y también miramos su interés por sentarse y sintonizar “The Buzzer”, señal de radio que ha transmitido voces humanas sólo 16 veces entre todo el ruido blanco y estática que se puede sintonizar en esa estación.
En su afán de poder comunicarse con alguien, incluso analiza unirse o aprender a hablar con lenguaje de sordomudos, pero no había seguridad de que se le entendiera, pues como el habla, el método escrito no es comprensible, son garabatos sin sentido ni elocuencia (lo comprobó al tratar de escribir en un parque, enfrente del templo dónde se lleva a cabo la misa de sordomudos, en un cuaderno amarillo).

Tromsø nos habla de un personaje al parecer neurótico, al parecer paciente y a la vez desesperado. Que perdió en cierto momento ya todo afán de comunicarse, pues no le es posible. Entonces, optó por señas, afirmaciones, silencios. No tiene mucho sentido el comunicarse, pero lo vemos solo, así como vemos solo al helecho, en su platito de cerámica.

El pedazo de vida que vemos del personaje termina, no sin invitarnos a reflexionar, como seres comunicativos y sociales, la necesidad y el abandono total al que podríamos caer de no poder hablar con los demás. Y si es, o no es necesario, el cruzar palabra con alguien, eso cabe en nuestro pensar y actuar.¶

***

Hubo muchos elementos que me hicieron apreciar la novela. El primero, Oliver, ese helecho. Estoy casi seguro, que Oliver fue bautizado en honor a Oliver Sacks y en alusión a su novela Diario de Oaxaca. Será una pregunta para Israel.
Otro elemento fue la mención de un café abierto las veinticuatro horas…eso me llevó a pensar en su libro de cuentos, Cerrado las veinticuatro horas. No tiene qué ver, uno dice cerrado y el otro abierto, pero a mí me evocó a eso.
El hecho de que sea un narrador que vea al personaje, sus acciones y sus frustraciones, me hacen ver a cualquier persona que vea a cualquier otra. No hay forma de saber quién sea y su actuar, puede llegar a ser extraño para uno. Si habla o no, nos tiene sin cuidado, pero la afirmación de que no cuenta con habla, nos perturbaría sobremanera.

¿Por qué Tromsø? Eso tendrán que descubrirlo.

Leave a comment