Opinión de The Subtle Art of not Giving a F*ck

Tuesday, 18 June 2019, 6:30 | Category : Léeme
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Ahora tocó el turno a este libro, se fue bastante rápido. Me lo recomendaron, lo vi barato en Amazon (en pasta dura!) y me decidí a comprarlo. Algo diferente de lo que acostumbro leer.

El libro es en sí, un libro de auto-ayuda, y si, es el cómo hacerle para que nos valga 3 camotes lo que no interesa, y que no perdamos tiempo en cosas superficiales; sin embargo, mas bien es la perorata de un blogger sobre su vida y cómo ha hecho en separar lo que es importante, de lo que no. Cosas superficiales, hay que evitarlas; las que no, hay que alimentarlas.

Nos lo cuenta con una soltura y con gracia. Saca una palabreja por aquí, la hila con otra por acá y tiene una frase que dices, “ah pos si”.
No es que no me haya gustado, esperaba algo difente. Pero si es necesario analizarlo y pensar, ok, esto no merece mi tiempo, no merece que pierda mi tiempo en él.

***SPOILER***

No puedo poner mucho de spoiler. Sólo un dato que me gustó muchísimo, que tiene que ver con la Segunda Guerra Mundial. Y tiene que ver con el mundo que te creas, el mundo que puede ser real para tí, pero no para los demás. La historia va mas o menos así:
Un soldado japonés es mandado a Filipinas a pelear contra los filipinos en 1944, las instrucciones que le dieron fueron: “nunca te rindas”. Es cuando este soldado comienza una feroz pelea en el pacífico, con los recursos que le dieron en ese momento.
Así pasó el tiempo y Hiroo Onoda siguió peleando para Japón. Llegó 1945, los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki doblegaron al imperio Japonés, se firmó el final de la guerra, pero Onoda siguió peleando, pues no debería rendirse.
Panfletos fueron lanzados a la jungla Filipina para que Onoda se entregara, pues la guerra había terminado. El soldado japonés, creyendo que era una treta enemiga, continúa su lucha.
Incluso panfletos del Emperador fueron llevados al soldado, él no creyó nada de lo escrito ni dicho, sus órdenes habían sido claras. No rendirse.
Y así, pasaron 30 años. Su vida fue la guerra, no quiso abrirse al mundo que existía afuera y regresó a su hogar hasta 1974. Incluso otra guerra se estaba librando ya en el continente asiático, pero no la guerra por la cuál él, y sus hombres se habían acuartelado.

Y esa historia me agradó, me hizo ver la cerrazón que en ocasiones nos llega, creemos que somos y tenemos la verdad, y no vemos las señales. Hasta que pasan años y ya no podemos volver hacia atrás.

***

Nueve capítulos. Doscientas cuatro páginas. Mucha sabiduría de un blogger que reside en Nueva York y que es importante ponerle atención.

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